Sostenibilidad y anti-valores

Al parecer, la temática de la sostenibilidad ha tomado fuerza a raíz del pavor que nos produce el calentamiento global con su amenaza del fin del mundo, con lo que estamos buscando desesperadamente recuperar el equilibrio ecológico perdido.

En la arquitectura, por dar un ejemplo, ha surgido la necesidad de comprobar mediante cifras y certificaciones, el criterio con respecto a los recursos y gastos energéticos de nuestros proyectos de construcción.

Sin embargo, qué sucede con nuestra relación física y directa con medio ambiente?, realmente anhelamos relacionarnos diariamente con la naturaleza, e incorporarla a nuestros hábitos diarios de vida?, o al menos, reflexionar sobre la huella de nuestro comportamiento para su mejora? cómo podemos lograr este cambio de inquietudes y comportamiento?

En la práctica, a nuestro criterio, si no atacamos los dos grandes enemigos de una actitud realmente conservacionista y sensible con la naturaleza, los esfuerzos son ridículos comparativamente con las acciones destructivas. Nos referimos a la codicia y a la ignorancia.
Con respecto a la codicia, esta es evidente cuando se toman decisiones carentes de responsabilidades y solidaridad ambiental y social.

La ignorancia por su parte, es la culpable de muchas decisiones incorrectas, así como la pérdida de valor e interés en la vida propia y ajena, la baja autoestima y su consecuente indiferencia frente al tema y acciones concretas al respecto.

Los efectos colaterales de nuestra manera de habitar codiciosa e ignorante, son el ruido, el humo, mal olor, aparataje, y la contaminación en consecuencia, es cosa de observar nuestras prioridades individuales y sociales.

Entonces, al parecer el cambio real que se requiere, es un cambio de valores, de estereotipos para el concepto de felicidad, que se ha confundido con placer, y la supremacía de la imagen y forma, carentes de contenido.

Los Paradigmas equívocos se podrían analizar a partir de nuestra historia para entenderlos mejor, para lograr satisfacer nuestras necesidades emocionales y sociales en forma efectiva en contraposición a la satisfacción inmediata que nos genera un físico estereotipado, y la adquisición de objetos, así como la comunicación y transmisión de afectividad a través del consumo.

A esta temática, habría que sumarle la creciente intolerancia social dada la acentuación de realidades y comportamientos egoístas y agresivos en todas las clases sociales, lo que empuja inevitablemente hacia un comportamiento de solventar todo en forma individual, con el consiguiente exceso de consumo de recursos del planeta.

En conclusión, para poder abordar la sostenibilidad de nuestro habitar, este será viable y posible, sólo en cuanto ataquemos la esencia de nuestros comportamientos y decisiones, afianzando valores  y educar espiritualmente y afectivamente a nuestra sociedad, respaldando así los esfuerzos en cambios de productos y sistemas,  válidos solo cuando hay una voluntad masiva.

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