‘El petróleo puede llegar a desequilibrar a un país’

Cree en que una prensa independiente y honesta promueve la transparencia y el buen comportamiento político. Alérgico a intentos de soborno o chantaje, condena el dinero fácil que emana del petróleo así como la miseria y muerte que este produce en los países africanos. Aunque aplaude el avance africano en temas democráticos, resalta que sin presión ciudadana sobre los gobernantes es imposible progreso alguno.

Dele Olojede Periodista nigeriano

Dele Olojede es uno de los periodistas más prestigiosos de su natal Nigeria, donde lidera un grupo de medios centrado en hacer denuncias con información seria y fundamentada y sumar enemigos por esa labor.

En una visita reciente a Costa Rica donde participó en un seminario, organizado por el Instituto Aspen sobre Liderazgo, el periodista habló del valor de la prensa independiente y qué pueden hacer los ciudadanos cuando reciben noticias serias e imparciales.

¿Qué representa un logro como el premio John P. McNulty por hacer en Nigeria periodismo serio en un ambiente hostil?

Que el comportamiento político puede ser restringido y es posible demandar estándares más altos en el uso de recursos públicos. Nuestra premisa básica es que debe existir una prensa independiente y honesta cuyo papel no puede ser exagerado. Para impulsar a nuestra sociedad, lo mejor que podemos hacer es asegurar la transparencia, promover la honestidad, exponer el mal comportamiento y la corrupción. Esto, por supuesto, hace que muchas partes se enojen contigo y enfrentas toda clase de presiones, como intentos de soborno o chantaje; esas son las armas sutiles que usan, por suerte no están siendo violentos físicamente, al menos no todavía (risas)”.

¿Ha logrado cambios en las autoridades de su país gracias a las denuncias que ha lanzado?

Sí y no. Algunas veces, nuestras historias han tenido impacto directo e inmediato. Otras, nada. Hacer información valiosa por sí misma no garantiza un buen gobierno. Depende de qué hagan los ciudadanos con ella. Si los ciudadanos deciden no actuar, no consigues nada porque esa es la presión que debes poner en los políticos y la élite de negocios para hacer las cosas bien. La presión pública. Si esta falta, nada pasa. Para hacer esto sin frustración debes enfocarte en lo que está en tu poder, sin preocuparte de si la gente usa la información como debe. Eso no está en tu poder; lo que está en tu control es proveer la información y, si lo haces, cumpliste tu labor.

Usted ha dicho que el hallazgo de petróleo en Nigeria dejó un rastro de violencia, miseria y corrupción. ¿Qué opina del papel de los Gobiernos en países petroleros y las compañías extranjeras que lo explotan?

Es la misma situación para estas corporaciones en cualquier sitio. Si les permites que haya asesinatos, los habrá. Si impones reglas, se comportarán. Esta es la brecha creada por un ambiente disfuncional; no es que estas corporaciones sean en particular malignas o buenas, solo toman ventaja, pero porque las sociedades lo permiten, sobre todo cuando coinciden sus intereses con los empresarios locales.

”El petróleo es dinero fácil. La gente no tiene que trabajar por él. Solo extiendes permisos y defines algún esquema de participación de ingresos, viene la compañía, instala su equipo en la tierra, saca el petróleo y se lo lleva. Dinero fácil. Esto promueve la pereza e indisciplina porque la gente no valora el dinero de fácil obtención.

”Países donde las instituciones aún se forman y falta entendimiento de qué es un Estado moderno, tienden a hacerlo muy mal con el petróleo. Sea Venezuela, Nigeria, Angola u otras, no veo un solo ejemplo de éxito. Por eso digo que el petróleo puede llegar a desequilibrar a un país. Me dijeron que en Costa Rica se desestimuló al propio todo proyecto de exploración petrolera. Yo les digo: bien por ustedes”.

Usted escribió sobre Ruanda 10 años después del genocidio. ¿Cuánto ha avanzado ese país en derechos humanos?

Ruanda es un país extraordinario que, supuestamente, debía morir, pero hoy, 16 años después del genocidio, su progreso ha sido tan extraordinario que impacta. Voy allí con frecuencia. Te cuento una historia. En Kigali fui a una fiesta a la casa de unos amigos al otro lado de la ciudad, una noche. A eso de las 3 a. m., caminé de regreso a mi hotel. Solo. Completamente seguro. Es difícil imaginar que en un lugar donde ocurrió un genocidio tan horrendo puedas hablar de seguridad. Así de lejos han ido.

”El país está siendo muy bien manejado, pero no es posible haber pasado esa clase de horror y esperar que las cosas estarán bien. Sospecho que bajo la superficie las viejas divisiones siguen, pero el Gobierno es fuerte y estricto y evita cualquier tendencia que pudiera encender esas divisiones.

”El costo de eso, sin embargo, es que el país no es tan democrático porque el presidente, lo conozco muy bien, Paul Kagame, es un líder decente, pero un poco autoritario. Él podría argumentar que con las instituciones desfiguradas, y en ellas gran parte de quienes participaron en el asesinato del 10% de la población, se necesita un poco de mano dura para mantener las cosas en su lugar”.

¿Y en el caso de las mujeres?

Quizá Ruanda es hoy el país número uno del mundo con mujeres en el Gobierno. Un 53% de su parlamento son mujeres, el mayor porcentaje del planeta. Esto fue una decisión deliberada de las autoridades en su intento de construir un nuevo país. Fue algo así como: “miren lo que hicieron los hombres, terminaron creando un genocidio. Quizás sea momento de traer a las mujeres a la toma de decisiones políticas”. Sin embargo, en promedio, el reparto es desigual en África, donde la participación femenina en política no supera el 10% y típicamente en puestos poco fuertes”.

¿Cómo fue para usted acercarse a las víctimas del genocidio y compartir ese trauma y dolor que luego plasmó en los trabajos que le valieron el Premio Pulitzer?

Cuando estás en el campo, sobre todo en condiciones tan extremas como en Somalia o Ruanda, en cierto momento levantas una especie de escudo para no verte emocionalmente involucrado, por tratarse de algo muy difícil y porque no serías capaz de hacer tu trabajo.

”Sin embargo, eso a veces no funciona porque sigues siendo un ser humano y desarrollas sentimientos por la gente y, como africano, desarrollé mucha empatía con los entrevistados y quizá eso se reflejó en la forma como escribí.

”Estas son personas que han pasado por momentos terribles y luchan a diario solo por sobrevivir, pero siguen creyendo que mañana será todo mejor y eso fue lo más asombroso de estar con ellos y compartir sus historias. Esto me hizo sentir la obligación de representarlos adecuadamente y de dar a conocer sus vidas.”

Este año dos mujeres africanas recibieron el Nobel de la Paz (Ellen Johnson Sirleaf, presidenta de Liberia, y Leymah Gbowee, activista también de Liberia). ¿Qué impresión le dejó esto?

Creo que es una cosa buena y maravillosa porque estos premios, y eso puedo sentirlo yo mismo, tienen un poder simbólico debido a que fomentan el buen comportamiento y que las cosas sí se pueden hacer mejor. Al premiar a personas entre nosotros que son un buen ejemplo, que progresan, también estás fomentando más de eso mismo entre los demás. Creo que fue una decisión muy positiva otorgarles el premio y hace menos extraño que una mujer sea, por ejemplo, presidenta de un país africano.

Source / Fuente: www.nacion.com

Author / Autor: Juan Fernando Lara

Date / Fecha: 12/12/11

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