La “economía verde” desde la perspectiva del desarrollo sostenible

La “economía verde” desde la perspectiva del desarrollo sosteniblePresentación de Martin Khor, Director Ejecutivo del Centro del Sur, sobre la “economía verde” en el marco del desarrollo sostenible, realizada durante la reunión entre períodos de sesiones sobre las negociaciones de Río+20 (Grupo de trabajo sobre economía verde) en las Naciones Unidas en Nueva York los días 10 y11 de enero de 2011.

El concepto de “economía verde” todavía no ha conseguido ser objeto de un amplio consenso, ya sea entre economistas o ecologistas o a nivel internacional. Es un concepto extremadamente complejo y no se puede esperar que, en un futuro cercano, se alcance un consenso sobre su significado, su uso, su utilidad y las implicaciones políticas que conllevará. Este documento detalla brevemente algunas de las cuestiones relacionadas con este término.

El término de “economía verde” parece referirse a una economía respetuosa del medio ambiente, atenta a la necesidad de conservar los recursos naturales, así como de minimizar la contaminación y las emisiones nocivas para el medio ambiente, acompañada de una producción de productos que no dañen al medio ambiente ni por su existencia ni por su consumo.Las difíciles preguntas que deben ser planteadas consisten todas en saber si para alcanzar tal economía deberán limitarse otros aspectos, entre los que podríamos citar el crecimiento económico de los países pobres y el desarrollo social, como la erradicación de la pobreza o la creación de empleo.

¿Cómo identificar y tratar los pros y los contras? ¿Cómo deben combinarse estos aspectos en las diferentes etapas de desarrollo, así como en las diferentes etapas de la evolución del medio ambiente? ¿Cuál es el papel de los Estados y de la regulación y qué trato se debe dar al mercado y al sector privado? ¿Cuál es la manera de construir una economía que sea más respetuosa del medio ambiente? ¿Y por último, cómo se debe llevar la transición desde la situación actual a una economía más ecológica?Asimismo, la cuestión de la “economía verde” que nos ocupa debe ser específica a un contexto, o específica al marco en el que está siendo tratada. Este contexto es el de la conferencia Río+20, que constituye una continuación de la Cumbre de la Tierra celebrada en Río de Janeiro (Brasil) en 1992.

Por consiguiente, la “economía verde” no es un concepto académico que se pueda enfocar mediante una tormenta de ideas. Debe derivarse del espíritu, de los objetivos, de los principios y del funcionamiento de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (UNCED), y más especialmente de los Principios de Río y del Programa 21. Todo esto debería ser completado con la Conferencia Río+10.

El marco principal formado por la UNCED 1992, los acuerdos relacionados (la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, el Convenio sobre la Diversidad Biológica, etc.) y los procesos de seguimiento tienen como objetivo reunir al medio ambiente y al desarrollo en el mismo contexto. Se trata de un logro singularmente importante que debe ser preservado y mejorado, sin desviarlo de su objetivo, y al que no se debe restar mérito. El marco de la UNCED reconoce e incorpora ciertos de los aspectos cruciales más complejos:·

Reconoce la crisis ambiental y la necesidad de llevar a cabo reformas profundas de los modelos de producción y consumo. Reconoce igualmente el principio de sostenibilidad, según el cual la producción actual no debería comprometer nuestra capacidad de cubrir necesidades futuras. Por último, reconoce el principio de precaución.·

Por otro lado, también reconoce el “derecho al desarrollo” y las necesidades y prioridades que requiere el crecimiento económico en los países en desarrollo, así como los objetivos de desarrollo social tales como la erradicación de la pobreza, la creación de empleo, la seguridad alimentaria, la salud, la educación, etc.·

El reconocimiento de estos elementos llevó a que se aceptaran la protección del medio ambiente, el desarrollo económico y el desarrollo social como los tres pilares del “desarrollo sostenible”.·

Reconoce igualmente la necesidad, no únicamente de medidas nacionales, sino también de medidas y acciones internacionales basadas en una verdadera comprensión de los problemas y que aporten soluciones. Asimismo, reconoce que las medidas tomadas a nivel nacional en los países en desarrollo deben gozar del apoyo de las políticas y de las acciones internacionales para que la puesta en práctica de un desarrollo sostenible sea posible.·

En este contexto, reconoce que los países han desempeñado papeles diferentes en la crisis medioambiental y que los países se encuentran en diferentes etapas de desarrollo, lo que debe conducir a una serie de principios clave con importantes implicaciones, tanto en las medidas adoptadas como en el marco de cooperación internacional.De aquí surge el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas

. La UNCED reconoce que los países desarrollados son responsables de la mayor parte de la contaminación (y particularmente de los gases de efecto invernadero) y del agotamiento de los recursos naturales y que los países en desarrollo se encuentran actualmente en desventaja puesto que queda poco “espacio ambiental”, lo que tendrá implicaciones en su desarrollo futuro. Concretamente, el desarrollo sostenible sólo se podrá alcanzar mediante un enfoque que incluya estas tres condiciones:

1) Los países desarrollados deben tomar la delantera en el cambio de los modelos de producción y consumo (su modelo económico);

2) Los países en desarrollo mantendrán sus objetivos de desarrollo, pero adoptando métodos de desarrollo que correspondan al paradigma de desarrollo sostenible;

3) Los países desarrollados se comprometen a permitir el desarrollo sostenible de los países en desarrollo apoyándolos mediante transferencias financieras y tecnológicas y la realización de las reformas que sean apropiadas en la estructura y las prácticas económicas y financieras a nivel mundial (esta es la razón por la que el Programa 21 incluía capítulos sobre las finanzas, la tecnología, el comercio, los bienes de primera necesidad, etc.)

.Así pues, el concepto de “economía verde” debe situarse íntegramente en este marco holístico compuesto por la UNCED, los Principios de Río y el Programa 21. Este marco también constituyó la base de la CMNUCC y del Convenio sobre la Diversidad Biológica.

La “economía verde” debería reposar sobe una ecuación de tres variables: el imperativo medioambiental, el imperativo de desarrollo (tanto en su dimensión económica como social) y en el principio de equidad, que establece el vínculo entre las dimensiones ambientales y de desarrollo.

Por consiguiente, la “economía verde” debería definirse y ponerse en práctica en el marco de esta ecuación, que, por otro lado, debe abarcar tanto las dimensiones internacionales como las nacionales. Los objetivos, los principios, las medidas, las propuestas o las iniciativas relativas a la “economía verde” deberían integrarse en el marco y en los criterios de la ecuación medio ambiente-desarrollo-equidad.Existen, por una parte, ideas o políticas para promover la “economía verde” en el contexto del desarrollo sostenible, y por otra parte, ideas o políticas que se deben evitar para que la “economía verde” no se gane una mala reputación.Entre los aspectos positivos de la “economía verde” que merecerían un estudio se encuentran:·        Reconocer el valor económico y social del medio ambiente.

Es decir, que, aparte de su valor ambiental intrínseco, la preservación de los recursos tales como el aire limpio, el agua, los bosques, los manglares, etc. tiene repercusiones positivas, de gran valor, para cubrir las necesidades humanas básicas. De esta manera, la preservación debería ser fomentada, así como la rehabilitación o el reabastecimiento de los recursos naturales. Sin embargo, también debería reconocerse el costo de oportunidad de no “explotar” o de no utilizar los recursos. Tanto la utilidad a corto plazo del uso de la naturaleza, como la utilidad a corto y largo plazo de preservarla (o de utilizar los recursos de manera sostenible) deberían ser reconocidas y reconciliadas entre sí. Así pues, es muy importante que exista un apoyo internacional dirigido a los países en desarrollo para ayudarles a compensar este costo de oportunidad.·

Permitir que los precios reflejen mejor sus valores ambientales, sin olvidar por tanto la dimensión de desarrollo, para garantizar al público, y especialmente a las poblaciones pobres, el acceso a los servicios básicos y a oportunidades para ganarse la vida. En general, las subvenciones destinadas a promover actividades o productos nocivos para el medio ambiente deberían ser minimizadas, pero bajo la condición de que no se afecte al acceso de las poblaciones más pobres a los servicios básicos. Por otro lado, los países en desarrollo deberían ofrecer estímulos (subvenciones, facilidades de acceso al crédito, deducciones fiscales, etc.) a sus productores y consumidores para fomentar procedimientos y productos respetuosos del medio ambiente (energías renovables, producción y consumo de alimentos orgánicos, etc.).·

Reconocer y promover el vínculo entre los pequeños productores y las comunidades, concretamente en las áreas rurales, y el medio ambiente, así como políticas que aseguren que los recursos que constituyen la base de su medio de sustento y los servicios básicos de los que disponen (agua, alimentación, vivienda) no sean perjudicados ni agotados, sino que estos recursos (el suelo, la tierra, los bosques, los manglares, etc.) sean rehabilitados y mejorados. Los derechos de las comunidades deberían ser reconocidos y respetados.·

A nivel internacional, deberían ser creados sistemas y mecanismos que permitan a los países desarrollados apoyar y habilitar a los países en desarrollo. Entre ellos se encuentran la provisión de los recursos financieros necesarios mediante sistemas financieros apropiados y la transferencia de tecnología, así como la promoción de la elaboración endógena de tecnologías respetuosas del medio ambiente en los países en desarrollo.·

Realizar reformas y mejoras en los marcos, estructuras y procesos económicos mundiales a fin de habilitar y apoyar a los países en desarrollo para que lleven a cabo una transición hacia modelos y procesos de desarrollo sostenibles. Se requieren reajustes y reformas de las reglas del comercio (en lo relativo a las reglas de comercio multilaterales y regionales, así como a los Acuerdos bilaterales de Libre Comercio), como, entre otras, una reducción de las subvenciones que los países desarrollados otorgan a la agricultura, un reajuste de las subvenciones industriales para permitir que los países en desarrollo puedan promover prácticas o productos respetuosos del medio ambiente tales como las energías renovables, o la creación de reglas apropiadas en materia de derechos de propiedad intelectual que faciliten el acceso a las tecnologías respetuosas del medio ambiente a un precio asequible. Respecto de las finanzas, deberían ser creados mecanismos que aseguren una provisión adecuada de los financiamientos necesarios para la adopción de medidas y políticas destinadas a fomentar el desarrollo sostenible.Por otro lado, corremos el riesgo de que la promoción del concepto de “economía verde” dé lugar a la aparición de tipos de desarrollo infructuosos, o incluso negativos.

Esto es algo que debemos evitar a todo precio.El primer riesgo es que la “economía verde” sea definida o puesta en marcha de forma unidimensional, extrayéndola del marco del desarrollo sostenible al que está estrechamente vinculada, y promoviéndola con un objetivo puramente “medioambiental” (sin considerar plenamente las dimensiones de desarrollo y de equidad) y sin ninguna consideración de la dimensión internacional, y particularmente del impacto negativo que podría tener en los países en desarrollo. El proceso de Río+20 deberá evitar este escollo

.El segundo riesgo que hay que evitar consiste en que se utilice un enfoque de “talla única” en el que todos los países sean tratados de la misma manera. Esto llevaría a deficiencias en materia de medio ambiente, de desarrollo, o incluso en ambas.

Deben tenerse en cuenta los niveles y las etapas de desarrollo en los que se encuentra cada país.La tercera amenaza es que la “economía verde” sea utilizada de manera inapropiada por los países para adoptar políticas comerciales proteccionistas, y más particularmente, que los países desarrollados la utilicen como principio o fundamento para justificar medidas comerciales unilaterales destinadas a rechazar los productos en proveniencia de los países en desarrollo.

Un ejemplo que ilustra tal tipo de medidas son el “impuesto sobre el carbono” o “el impuesto de ajuste en la frontera” que se aplicarían a los productos importados con el argumento de que, durante el proceso de fabricación, habrían generado más carbono que los productos del país importador. Esto tendería a penalizar a los países en desarrollo que carecen de los recursos financieros necesarios para adquirir tecnologías que generen bajas emisiones, o que técnicamente no tienen acceso a ellas, y, por consiguiente, constituiría una violación del principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas.Otra contingencia sería la adopción de normas ambientales para los productos. Los países en desarrollo que no fueran capaces de respetar estas normas en su producción correrían en riesgo de perder sus exportaciones. El enfoque utilizado para con los países en desarrollo debería consistir en proporcionarles los recursos y la tecnología precisados para poner al día sus tecnologías y normas ambientales, y no en penalizarlos.

Un cuarto escollo que debería ser evitado consistiría en que los países en desarrollo utilizaran la “economía verde” como una nueva condición para obtener ayudas, préstamos, la reprogramación de su deuda o un alivio de ésta. Esto podría empujar a los países en desarrollo en cuestión a adoptar medidas ambientales unidimensionales, en lugar de políticas que promuevan el desarrollo sostenible y que tengan en cuenta los objetivos de equidad y de desarrollo económico y social.Otro problema mayor que se plantea al definir el concepto de “economía verde” es el del papel del Estado, del sector privado y el uso de mecanismos de regulación de los mercados.

Esta cuestión lleva mucho tiempo siendo el objeto de un extenso debate. Son numerosos los que creen que la crisis ambiental es el resultado y la prueba de un “fracaso del mercado”, puesto que, dejados a su libre albedrío, el sector privado y los mercados conducirían obligatoriamente a la explotación y al agotamiento de los recursos, a la contaminación y a la emisión de gases de efecto invernadero, que han llevado a la crisis ambiental.Así pues, la regulación del sector privado, y particularmente la de las grandes compañías, es de gran importancia.

Por consiguiente, se considera crucial la creación de mecanismos de regulación como la imposición de límites de contaminación y de emisiones, de pesticidas en los alimentos, de la contaminación del agua y la imposición de impuestos y multas ambientales que deberían constituir componentes mayores o centrales de la promoción de la “economía verde”.Sin embargo, en lugar de esto, se está reforzando la tendencia de crear “mercados”, y de volverse dependientes de ellos, en los que las compañías (y los países) pueden comprar certificados de emisiones y de contaminación a otros para contaminar más allá de los límites que les han sido establecidos.

Cada vez más, estos mercados de compraventa de “derechos de contaminación” son considerados alternativas que las compañías y los países pueden utilizar para descargarse de sus obligaciones traspasándolas a otros.

Las críticas dirigidas a este tipo de comportamientos no dejan de cobrar fuerza, y conciernen tanto a los países y las compañías que eluden sus obligaciones en materia de medio ambiente, como a los problemas relacionados con las prácticas fraudulentas en el funcionamiento de estos mercados, el peligro que representa para el desarrollo social y económico la transformación de la naturaleza y de sus recursos en bienes comerciables y los riesgos que entraña la creación de un nuevo instrumento financiero de especulación.Debería reconocerse que mientras existe un interés por conocer el efecto que tendría el establecimiento de un mecanismo de fijación de precios, de una tasa o pago para circular en automóvil por los centros urbanos, se mantiene un debate sobre la pertinencia y los efectos del uso de “mercados” de permisos de contaminación o de “compensaciones” en la realización de los compromisos medioambientales.

De forma más general, deberían reconocerse claramente el papel y la importancia de las políticas, medidas y acciones gubernamentales destinadas a promover los objetivos medioambientales y de desarrollo sostenible. Asimismo, deberían compartirse las enseñanzas extraídas

.Por último, los países en desarrollo están enfrentados a un gran número de dificultades y obstáculos al adaptar su economía a paradigmas más respetuosos del medio ambiente. Por un lado, esto no debería poner trabas a las tentativas que realizan para incorporar lo más rápido posible los factores ambientales a su desarrollo económico. Por otro, los diferentes obstáculos deberían ser identificados y reconocidos, y deberían tomarse medidas de cooperación internacionales con el objetivo de apoyar y respaldar los esfuerzos que llevan a cabo para adoptar un desarrollo sostenible. Habría que garantizar las condiciones que permitan a los países, y en concreto a los países en desarrollo, entrar en el modelo de la “economía verde”.

Las condiciones y dimensiones principales fueron reconocidas durante las negociaciones que condujeron a Río 1992, y están fuertemente anclados en los Principios de Río y en el Programa 21. El enfoque con el que se tratará el concepto de “economía verde” durante las negociaciones de Río+20 debería ser coherente con el concepto, los principios y el marco del desarrollo sostenible, y habrá que aplicar un gran celo para que no haga sombra al “desarrollo sostenible” o lo haga pasar a un segundo plano. Así pues, se debería identificar el “valor añadido” que la “economía verde” podría aportar al desarrollo sostenible.

Source / Fuente: creadess.org

Author / Autor: creadess.org

Date / Fecha: 06/09/12

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