En camino a una construcción más responsable con el ambiente

Cualquier impacto que realicemos, tarde o temprano, de una u otra forma, nos llegará a afectar. La construcción sostenible es una filosofía que busca impactar de la menor forma posible el ambiente que rodea la edificación.Rolando Fournier, coordinador del Centro de Investigaciones en Vivienda y Construcción del TEC, explicó que esta filosofía “trata de combinar los elementos naturales con los hechos por el hombre para crear hábitats donde la gente viva con dignidad”.

Agregó que esta idea surgió a principios de la década de los 90 cuando las personas comenzaron a tomar más conciencia de los problemas que estaban ocasionando al ambiente.

La filosofía ha crecido más en Europa y Estados Unidos. El coordinador dijo que Costa Rica actualmente está recibiendo apenas las influencias en este tema, principalmente de Estados Unidos, de quien precisamente se tomó un modelo para la evaluación de las construcciones y así saber qué tan sostenibles son.

Descuido de las ciudades

Fournier comentó que las autoridades involucradas y los profesionales del campo se han preocupado poco por las ciudades. Como ejemplo mencionó la cuenca del Rio Tárcoles. Según un estudio de la Dirección de Agua del Ministerio de Ambiente y Energía, esta cuenca es la más contaminada del país y una de las mayores a nivel centroamericano. “Recibe aproximadamente el 67% de la carga orgánica del país”, menciona este estudio del 2004.

Para el coordinador, con la construcción sostenible esa cuenca no estaría así de contaminada ya que los desechos orgánicos serían tratados, en lugar de ir a parar directamente al río.

Otro ejemplo que mencionó fue que en Costa Rica las construcciones le dan la espalda a los ríos (por la contaminación ya mencionada), cuando en países desarrollados los ríos son tomados en cuenta para crear un ambiente bello y de recreación alrededor de las edificaciones.

“En el tema ambiental no estamos haciéndolo muy bien en las ciudades”, Rolando Fournier.

“Tenemos miles de carros contaminando. El transporte público es ineficiente. En el tema ambiental no estamos haciéndolo muy bien en las ciudades”, explicó Fournier.

Ese aspecto de belleza también se toma en cuenta a la hora de la construcción de la vivienda, ya que se podrían hacer ventanas más grandes para aprovechar el paisaje, algo que hacen mucho los estadounidenses, dijo Fournier, ya que ellos vienen a nuestro país y siempre tratan de buscar la mejor ubicación de la casa para aprovechar la vista.

Características de una construcción sostenible

Muchos aspectos son los que se consideran para declarar a una construcción como sostenible. Esta filosofía incluye muchos elementos, inclusive el tratamiento que se le darán a los desechos del proceso constructivo.

La norma estadounidense para evaluar este tipo de construcciones contempla cinco puntos. Primero que se aproveche el entorno en el que se construye. El segundo punto es la eficiencia en el uso del agua. Tercero, la forma en que se utiliza la energía del lugar. Cuarto, que el ambiente interno sea el mejor para la calidad de vida de las personas, que se cuide la temperatura, se eviten emanaciones tóxicas. El quinto punto tiene que ver con los materiales utilizados para la edificación, que se usen aquellos que impacten en menor medida al ambiente.

“El Método de Energía Incorporada es una medida de valoración del impacto ambiental de un material durante su producción, desde la extracción y transporte de la materia prima, importada o no, hasta el último paso de fabricación, considerando también la energía utilizada durante la construcción y vida útil de la obra”, se menciona en el artículo Construcción sostenible y madera: realidades, mitos y oportunidades; escrito por Fournier.

El acero requiere 24 veces más energía que la madera para ser producido.

En este se incluye un cuadro donde se especifica la cantidad de energía que necesita cada material de construcción para ser producido. Para obtener un metro cúbico de madera, se requieren 220 Kilovatios hora (Kwh). El cemento necesita 2 860 Kwh (5 veces más), el acero 103 000 Kwh (24 veces más) y el aluminio 75 600 Kwh (126 veces más).

El coordinador explicó que cuanto menos procesado esté el material, menos energía habrá requerido y será más amigable con el ambiente. Dicho de otro modo, la madera tendría una huella de carbono mucho menor que esos materiales ya mencionados, tomando en cuenta la meta que tiene Costa Rica de ser un país carbono neutral al 2021.

No es lo mismo comprar la madera que solamente fue cortada, acerrada y transportada; a comprar cemento, por ejemplo, pues primero debieron sacar la piedra caliza, arcilla y yeso, transportarlas, calentarlas en hornos a altas temperaturas, molerlas, empaquetarlas y de nuevo transportarlas. La huella de carbono de los dos materiales es muy diferente.

Otro beneficio, aparte de que la madera consume menos energía, es que por sí misma, durante su etapa de crecimiento, estuvo capturando carbono de la atmósfera y liberando oxígeno. Labor que no hacen los minerales como el hierro o el aluminio.

Tres ejemplos en Costa Rica

En la Sede Regional San Carlos del Tecnológico de Costa Rica se encuentra el Centro de Transferencia Tecnológica y Educación Continua. Este edificio se creó pensando en la construcción sostenible y muchas de sus características lo reafirman.

El agua de lluvia es recolectada en un tanque para utilizarla en los inodoros, el edificio se construyó con una orientación específica para aprovechar la dirección de los vientos y así evitar el uso de aire acondicionado, vigas de madera de plantación soportan el techo, el cual tiene una inclinación especial para que en el futuro se le puedan colocar paneles solares.

El CTEC en la Sede Regional San Carlos se construyó teniendo en cuenta la filosofía de construcción sostenible.

Rodolfo Fournier dijo que este edificio tendría que pasar por la evaluación correspondiente para ponerle la “etiqueta” de construcción sostenible, sin embargo sí reconoció que tiene muchos elementos positivos.

El proyecto del Centro Corporativo El Tobogán, que se ubica donde antes estuvo el complejo turístico El Tobogán, sí fue evaluado con la norma estadounidense LEED (Leadership in Energy and Environmental Design) y una de las conclusiones fue que el futuro edificio “permitirá ahorrar hasta un 40% de la energía que requeriría un edificio convencional”, según se menciona en una noticia de El Financiero publicada el 6 de agosto de este año.

En esta misma información se dice que el proyecto generará 50% menos residuos durante la construcción y 50% menos durante su funcionamiento. “Las emisiones de CO2 y el consumo de agua se reducirán hasta en un 35%”, agrega la noticia.

Por su parte, un proyecto habitacional llamado Bosques de Escazú recibió el año pasado el “Premio a la Construcción Sostenible” otorgado por la Cámara de Construcción Costarricense.

“Bosques de Escazú fue elegido para estos premios debido a las tecnologías ambientales utilizadas que permiten ahorrar energía en un 90%, optimizar los materiales de construcción, ahorrar agua hasta en un 35% y dar tratamiento adecuado a los desechos sólidos, entre otros aspectos que disminuyen la huella de carbono del proyecto”, se detalla en su página web.

En esta también se enumeran algunas de las tecnologías que utilizan: calentadores de agua solar, luces LED, grifería e inodoros de bajo consumo, techos verdes, iluminación natural, entre otros.

¿Qué falta en Costa Rica?

Fournier comentó que en nuestro país se realiza poco este tipo de construcciones debido al alto precio de los materiales y las tecnologías.

Un material en específico, la madera, tiende a ser más cara que sus competidores como el cemento, el hormigón, el acero o el aluminio.

Olman Murillo, profesor de la Escuela de Ingeniería Forestal del TEC, explicó varias razones del porqué la madera es más cara: “la madera fue sustituida y los sustitutos le ganaron en precio, en volúmenes, disponibilidad y estándares”.
Murillo dijo que en los inicios la industria maderera la formaban personas con bajos niveles de estudios, sin ninguna preparación técnica o científica y cuando llegó la industria del concreto, más preparada, con mayores niveles, les fue fácil tomar la mayoría del mercado.

“Como en la política, cuando desaparece uno, viene otro a sustituirlo”. La industria maderera fue bajando y la industria del concreto se hizo más fuerte. “Se requiere de mucha energía para cambiar eso”, agregó.

Además de que la industria es pequeña, la población también posee un nivel de desinformación con respecto a la madera, sobre sus propiedades y los beneficios para el medio ambiente.

Fournier comentó que algunas personas le tienen miedo a este material porque piensan que es inflamable. Explicó que si un tronco se quema, las capas exteriores serán las que sufran los cambios, las que se conviertan en ceniza, pero el interior del tronco seguirá intacto y resistente. Caso contrario con el acero, por ejemplo, que con altas temperaturas pierde fuerza. Eso fue lo que sucedió en las Torres Gemelas, dijo.

Durante la entrevista, Olman Murillo estaba sentado en una silla de oficina (con componentes de plástico) frente a un escritorio de madera. “Cuando ya se no se ocupen estas sillas ¿qué va a pasar con este plástico? Esto no se degrada”. Volvió su mirada al escritorio y dio un golpe. “Aquí hay carbono, y cuando se deseche no hay problema en el ambiente”.

Tanto Murillo como Fournier coincidían: lo que se requiere es un cambio de mentalidad.

Para Murillo, lo que hace falta para que la madera tenga más relevancia en las construcciones, además del mejor conocimiento de la población, es una mejor organización de los productores, para que esté disponible suficiente volumen de madera y así evitar la importación, lo que afectaría a la industria.

También una mejor integración entre los que construyen y los que producen el material, pues de esta forma se utilizaría aún más la madera.

Por último, el profesor mencionó que faltarían mejores políticas gubernamentales. Como ejemplo planteó que el gobierno decretara que sus instituciones compren todo lo que puedan de madera. Con esto se crea una demanda muy grande, lo que incentiva a que algunas personas quieran ingresar al negocio de la madera, ampliando la oferta y bajando su precio.

Con la construcción sostenible se busca que la intervención del terreno donde se edificará sea lo menos destructiva posible, además de utilizar los materiales que no hayan contaminado tanto en su proceso de fabricación. La utilización de energías limpias como la luz solar y la incorporación de tecnologías que permitan el ahorro de agua ayudan a disminuir aún más ese impacto ambiental.

Con la construcción sostenible podríamos llegar a tener ciudades más limpias. La madera que se utilizaría habría aportado a la eliminación del dióxido de carbono y no al aumento de este como con los demás materiales.

Tanto Murillo como Fournier coincidían en un punto muy importante: lo que se requiere es un cambio de mentalidad, una mayor información de la población. Cuando esto se dé, podremos ver que Costa Rica comenzará a cambiar.

Source / Fuente: costaricaon.com

Author / Autor: TEC – Instituto Tecnológico de Costa Rica

Date / Fecha: 03/09/13

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