RD ante el desafío de volver a modelo del sistema turístico sostenible

En las últimas dos décadas la República Dominicana ha crecido vertiginosamente en la generación de riquezas.  Los indicadores macroeconómicos de los organismos internacionales como el Banco Mundial, UNESCO o el Fondo Monetario Internacional, han coincidido en esta afirmación.

El informe más reciente, presentado por el Banco Mundial bajo el nombre “Cuando la Prosperidad no es Compartida:  los vínculos débiles entre el crecimiento y la equidad en la República Dominicana¨ lo vuelve a reiterar.

A pesar de que el Producto Interno Bruto (PID) per cápita creció en casi un 50% dek 200 al 2011, muchos de los 10 millones de habitantes del pa´si no pudieron beneficiarse de ese crecimiento, arrastrando como consecuencia acrecentar las grandes inequidades en la sociedad dominicana.  Es decir que sostenemos un modelo económico capaz de generar riquezas, muchas riquezas que quedan en manos de poca gente lo que nos convierte en uno de los países con mayor desigualdad y donde la pobreza ha crecido a pesar del referido crecimiento.

Y en medio de este escenario poco halagüeño aparecen extraordinarios indicadores de crecimiento del sector turístico nacional que nos afirman que en el 2013 la llegada de turísta creció en un 2.6% en relación al 2012, de acuerdo con cifras del banco central.  Otra medalla que condecora el modelo de desarrollo turístico actual es el crecimiento del gasto diario promedio de los turistas extranjeros ponderado en unos US$124 por días.  Así los gastos de los turistas han aumentado un 5% en el 2013 en relación al año anterior.

¿Pero qué pasa cuando nos vamos a los indicadores cualitativos que hablan de la sostenibilidad del sector? De acuerdo con el Foro Económico Mundial del 2013 la República Dominicana desde el 2009 ha descendido 14 posiciones en el raking de competitividad turística.

El mismo documento enfatiza que los factores que afectaron en el declive en el posicionamiento corresponden a:  recursos naturales, precios en la industria turística, marco de regulación policial, y la sustentabilidad ambiental.

Estos antecedentes refieren que el viejo modelo de gestión de la industria basada en cantidad de turistas, cantidad de habitaciones, competititvidad basada en la tasa de cambio y posicionarnos como un destino barato, vender el hotel como el enfoque último del tour operador, por aquello del todo incluido, y por creernos que de verdad los recursos ambientales y naturales son inagotables, nos están llevando por un camino que no garantiza la sostenibilidad y la salud del sector a mediano y largo plazo.

Pilar Constanzo, directora del Campus de Cap Cana de la Universidad Iberoamericana (UNIBE), por cierto única Doctora en Turismo especializada en turismo sostenible, presentó el pasado fin de semana en un taller sobre “Turismo Sostenible” organizado por el Consorcio Dominicano de Competitividad Turística (CDCT) para los miembros de la Asociación Dominicana de Prensa Turística (ADOMPRETUR), marcó bastante bien cuales son las diferencias del modelo antiguo y el nuevo modelo de gestión del sistema turístico.

De acuerdo con Constanzo lo primero que debemos cambiar en el vocabulario turístico es sustituir el término de industria por el término sistema.  “El turismo es un sistema, un conjunto integrado de elementos que interactúan entre sí destinados a realizar cooperativamente una función determinada.”

La doctora en turismo enfatizó que el turismo es un conunto bien definido de relaciones, servicios e instalaciones que se gneran en virtud de ciertos desplazamientos humanos. Es un sistema complejo, compuesto por oferta y demanda.

La especialista hace una comparación de los indicadores que se usaban para evaluar el modelo antiguo con el modelo de gestión actual que tiene como objetivo garantizar la sostenibilidad del sector.

Para el nuevo modelo el turismo se enfoca en agregar valor con productos y servicios orientados a la calidad, con mejores precios y por ende provocar mayor gasto del turista en el destino.

El nuevo modelo basa sus ventajas competitivas en destinos únicos, en la diversificación de los canales de distribución, introduciendo al turista a la comunidad local y a su cultura.  Vendiendo un destino, no un hotel y por sobre toda las cosas cuidar el medio ambiente.

En su exposición Constanzo deja claro que el turismo sostenible no es tan corto placista como la percepción de la mayoría que solo entienden por sostenibilidad la protección del medio ambiente. De acuerdo con la Organización Mundial de Turismo, el desarrollo turístico sostenible atiende a las necesidades de los turistas actuales y de las regiones receptoras y al mismo tiempo protege y fomenta las oportunidades del futuro.  Se concibe como una vía hacia la gestión de todos los recursos de forma que puedan satisfacer las necesidades económicas, sociales y estética, respetando al mismo tiempo la integridad cultural, los procesos ecológicos esenciales, la diversidad biológica y los sistemas que sostienen la vida.

Es decir que en todo el esquema de diseño de un turismo sostenible el eje económico es fundamental, siempre y cuanto garantiza la viabilidad de las actividades en el espacio de destino, la viabilidad de las empresas, satisfacción de la demanda pero sobre todas las cosas la integración, beneficio y democratización de las riquezas que genera el sector para las comunidades en donde se realiza la actividad turística.

Entonces es aquí cuando nos debemos detenernos y reflexionar ¿cuál es el turismo que queremos?

Cuando ponemos la lupa sobre el eje económico del sistema de gestión de turismo sostenible resalta el bienestar de la comunidad y como se integran los hombres y mujeres de estos destinos en la redistribución de las riquezas. Y no podemos dejar de recordar aquel informe elaborado por los economista Pavel Isa y Miguel Ceara Haton para el Programa para el Desarrollo de las Naciones Unidas (PNUD) titulado “El turismo, si no se modifica, se agota”.  En ese momentos ambos economistas describían casi a la perfección la situación del turismo actualmente en el país.

A pesar de los indicadores de los organismos oficiales que evidencian un crecimiento del sector, lo real es que el turismo dominicano ha reducido sustancialmente el aporte a la economía nacional.

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en el documento denominado “La ruta hacia el crecimiento sostenible en la República Dominicana, indica que los aportes fiscales del sector turístico son muy bajos, sobre todo por el impuesto de sociedades y del denominado “tourism leakage” o turismo de fuga, que no es más que la diferencia entre los ingresos que recibe el destino turístico y el gasto total de los visitante.  El BID va más allá y enfatiza “esta cuestión merece investigarse con mayor profundidad”.

Otro de los factores que el organismo internacional cita es el paquete turístico de todo incluido de sol y playa, en hoteles todo incluido, la principal oferta turística del país que sin lugar a dudas no es el que ingrese divisa al estado dominicano.

“Mientras las industrias hoteleras reciben muchos incentivos, el turista que viene por cuenta propia, tiene una fuerte presión tributaria, pues el impuesto de ocupación hotelera (26%) y el ITBIS (18%) son los más altos del Caribe.

Pero más aún, si nos adentramos a abarcar el tema tributario y el sector turístico, recién iniciado el año celebraban con bombos y platillos la aprobación de la modificación de la Ley 158-01 que amplia a 15 años las exenciones fiscales al sector.

A final del año pasado durante la Exposición Comercial de ASONAHORES, Dameris Contreras, funcionaria del Ministerio de Hacienda explicaba que fruto de la ley de incentivos al turismo. en el período 208-2013 el Estado dominicano tuvo un sacrificio fiscal equivalente a RD$2,775.1 millones de pesos. exenciones que favorecieron a 63 hoteles de los cuales 20 de ellos se quedaron con el 85% de los millones exonerados, equivalentes a unos $224.4millones de pesos.

Entonces vuelve la pregunta ¿es sano el crecimiento del sector turístico nacional? ¿se miente cuando sectores con intereses marcados en el sector afirman que son unos de los renglones que mayores aportes hace al PIB? ¿Y que pasa con la mano de obra barata y sin calidad que genera el sector?

Pilar Constanzo lo explicó muy fácil durante el taller. El contexto económico para el desarrollo de un sistema turístico sostenible debe asegurar actividades económicas viables a largo plazo que reporten a todos los agentes unos beneficios socio económicos bien distribuidos, entre los que se cuenten con oportunidades de empleo estable y de obtención de ingresos, así como servicios sociales para las comunidades anfitrionas que contribuyan a la reducción de la pobreza.

Y por aquí si hay tela por donde cortar si nos vamos a indagar sobre los indicadores de pobreza de los principales destinos turísticos del país.  No vayamos más lejos si, hace pocas semanas el diario El Caribe publicaba una serie de reportaje de la provincia la Altagracia, el principal destino turístico del país, y donde se concentran la mayor cantidad de habitaciones hoteleras y uno de los trabajos denunciaba la falta de un acueducto en nuestro destino rey. O el caso de La Romana, provincia con altos niveles de ingresos pero con deficientes indicadores de salud y educación.

En conclusión la catedrática universitaria lo aterrizo de manera fácil y llana:  “el engranaje económico implica la democratización de los ingresos que genera la gestión del sistema turístico y el obligatorio involucramiento de la comunidad.

La democratización de los ingresos se expresa mediante la compra de insumos a la comunidad local, apoyo al desarrollo de empresas que surjan en las comunidades locales y darle participación en la cadena de valor del sector, generar empleos de calidad.

Source / Fuente: diariodigital.com.do

Author / Autor: Maribel Hernández

Date / Fecha: 18/02/14

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