¿Cómo sería un turismo sostenible?

A la sostenibilidad en turismo le pasa lo mismo que a la calidad, la innovación, el postmodernismo o el 2.0. Todo es sostenible, de manera que nada lo es. La mayor parte de propuestas “sostenibles” confunden turismo sostenible con turismo en espacios naturales. En realidad, es fácil imaginar un turismo insostenible en un espacio natural (la mayor parte de ellos) y también un turismo sostenible en complejos de invierno, turismo litoral o ciudades monumentales. Natural y sostenible no son sinónimos.

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Otro error muy frecuente es contraponer los muros de hormigón del Mediterráneo con las bajas densidades de lugares remotos. Benidorm sería, por tanto, totalmente insostenible mientras que los bungalows aislados de la playas del Índico serían la quinta esencia de la sostenibilidad. Sin embargo, las altas densidades tienen ventajas ambientales que no podemos eludir: consumen mucho menos territorio y facilitan la gestión de recursos, tanto las entradas (energía, alimentos, agua), como las salidas (residuos, excedentes). La densidad de Benidorm es tan insostenible como puede ser Barcelona, Londres o Nueva York. ¿Son más eficientes los “rascacielos horizontales” que consumen grandes cantidades de suelo, a menudo en espacios naturales privilegiados?.

Partamos de cero, casi como en una partida de SimCity. ¿Qué hace de un destino turístico un espacio menos sostenible que un espacio no turístico?. Y segunda pregunta, ¿cómo podríamos reducir esta distancia?.

Sobreconsumos turísticos

Primer problema. Un turista medio consume mucha más agua, mucha más energía y genera muchos más residuos que un no turista. Hay muchas explicaciones para este diferencial, pero nos centraremos en las dos más importantes.

1. Los turistas consumen más cuando son turistas. En casi todas las tipologías turísticas, un turista come más (y más veces), se asea más, se diverte más y usa más el espacio público que cuando no es turista. Todos estos actos tienen un efecto ambiental directo: más consumo de agua (directo e indirecto), más residuos (sólidos y líquidos), más consumo energético…

2. La oferta turística consume más. Mientras que las toallas de casa se lavan, digamos, cada semana (a veces más), muchos hoteles las lavan a diario, así como toda la ropa de cama. Nadie usa sobres de azúcar en sus casas y muy pocos restaurantes sirven el azúcar sin envoltorio. La iluminación de una calle turística es mucho mayor que una calle “convencional”. Y así, un largo etcétera. Los lugares turísticos utilizan más agua, energía y generan más residuos por cápita que los lugares no turísticos, porque los estándares de confort crean un sobreconsumo.

Es casi imposible conseguir que el gasto ambiental de un turista se equipare con el de un no turista, de manera que el turismo siempre será más ineficiente ambientalmente que el no turismo. Pero es evidente que podemos reducir de forma muy notable esta diferencia. Estos son algunos ejemplos.

a. Edificios bioclimáticos. Los avances en la arquitectura bioclimática han permitido reducir sensiblemente los costes ambientales: circuitos frío – calor, orientación, energía solar, materiales…

b. Consumo responsable. Los clásicos carteles sobre las toallas en los hoteles son solo una muestra de las posibilidades de un consumo turístico mucho más responsable, que limite los sobrecostes ambientales de su presencia en el destino.

c. Gestión de residuos. El mayor diferencial entre turistas y no turistas tiene lugar en los residuos sólidos per cápita. Todo está empaquetado, plastificado, galvanizado o porexpanizado. Los destinos turísticos deberían investigar y aplicar nuevos criterios en gestión de residuos: reducir, reutilizar y reciclar.

d. Información ambiental. La mayor parte de los turistas contemporáneos son conscientes de que el turismo no es inocuo y que su presencia crea impactos. La información ambiental es en estos casos especialmente útil y eficaz.

e. Ecotasa. Destinar una parte de los ingresos de los turistas a paliar (aunque sea parcialmente) los costes ambientales que genera sería una forma de aplicar el principio “Quien contamina paga”. A pesar del descrédito de esta fórmula tras la experiencia balear, es una medida de carácter casi universal.

Costes ambientales del transporte

Imaginemos que somos capaces de lograr que el impacto ambiental de un turista sea el equivalente al de un no turista. ¿Podríamos decir entonces que un destino turístico tiene una huella ecológica equivalente a una localidad no turística?. Comparemos la ciudad Urbania de 100.000 habitantes con la ciudad Ociópolis con 100.000 plazas turísticas. Aunque un habitante de Urbania tenga un comportamiento ambiental similar al de un turista en Ociópolis, en el segundo debemos computar además el coste ambiental de trasladar el turista hacia el destino y de devolverlo a su lugar de residencia.

Trasladar a las personas desde su residencia al lugar de vacaciones es muy costoso ambientalmente. Este costo se incrementa o decrece con la combinación de tres factores.

a. El medio de transporte. Con la hipótesis de una ocupación plena, los dos medios más eficientes son el denostado autobús y el tren. Por contra, el automóvil y el avión son los más ineficientes. Precisamente, más del 90% de los flujos turísticos se mueven por avión o por coche. En este sentido, el Camino de Santiago es un modelo de ahorro energético, ya que los peregrinos se desplazan a pie o en bicicleta.

b. La distancia entre origen y destino. Como es lógico, cuanto mayor es la distancia entre ambos mayor es el consumo energético que se precisa para salvarla. El turismo de larga distancia es mucho más costoso ambientalmente que el turismo de proximidad.

c. La estancia media. Cuanto más se reduce la estancia de los turistas, mayor es el coste de desplazamiento por unidad temporal. Como es lógico, una estancia media de 20 días tiene un coste ambiental diez veces inferior a una estancia de dos días.

Estos criterios nos dan pistas sobre cómo reducir el impacto ambiental del transporte: desplazamientos más cortos, estancias más largas y medios de transporte colectivos. Y todo ello a la espera de medios de transporte que permitan incorporar energías renovables.

Podríamos incorporar más complejidad al modelo si consideremos los llamados flujos de agitación, es decir, los flujos internos en el destino. Sabemos que los turistas se mueven mucho más que los no turistas, incluso en los modelos más sedentarios como el turismo litoral. Sin embargo, utilizan en mucha mayor proporción los medios de transporte públicos, lo que tal vez compense el primer factor.

Costes ambientales del suministro

Finalmente, deberíamos considerar los costes ambientales de la aportación de energía y recursos al destino. Cuanto más se aleje la fuente de suministro del destino, mayor será el coste ambiental del desplazamiento. Por ejemplo, si se alejamos la producción energética del destino, tendremos que incrementar la longitud del transporte eléctrico y sabemos que durante este trayecto se pierde un porcentaje muy significativo de la energía. Y no es lo mismo abastecer los restaurantes de los huertos o los campos cercanos que importar productos exóticos que llevan asociados costes de transporte muy elevados. La cocina de kilómetro cero es, además de una apuesta cultural, una propuesta ambiental.

Hay tres criterios que nos permiten mejorar este factor. En primer lugar, como es lógico, reducir la distancia de las aportaciones de suministro (materiales, agua, energía, alimentación…). En segundo lugar, aumentar las densidades ya que es una forma de optimizar los flujos origen – destino. Cuanto más disperso es un destino, mayor serán los costes de transporte de suministros. Finalmente, limitar el número de turistas a un número determinado que evite desplazar el origen del suministro.

¿Cómo sería un turismo sostenible?

El turismo sería sostenible si actuase de forma eficiente en los tres criterios que hemos planteado. Podríamos estimar un indicador global (TS), que sería el resultado de relacionar el índice de coste ambiental per cápita (ICApc) con el índice de coste ambiental del transporte (ICAT) y el índice de coste ambiental de suministro (ICAS), siendo 1 el valor medio de los lugares no turísticos para cada uno de los índices.

Source / Fuente: ecologistes.net

Author / Autor: ecologistes.net

Date / Fecha: 24/02/14

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